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PETER PAN |
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James Matthew Barrie (versión en
español de Adolfo Perez Agusti) |
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Wendy, Michael y John eran
tres hermanos que vivían en las afueras de Londres. |
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Wendy, la mayor, había contagiado a sus
hermanitos su admiración por Peter Pan. Todas las noches les
contaba a sus hermanos las aventuras de Peter. Una noche, cuando
ya casi dormían, vieron una lucecita moverse por la
habitación. Era Campanilla, el hada que acompaña siempre a Peter
Pan, y el mismísimo Peter. Éste les propuso viajar con él y con
Campanilla al País de Nunca Jamás, donde vivían los Niños
Perdidos... |
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– Campanilla los ayudará. Basta con que les
eche un poco de polvo mágico para que podáis volar. |
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Cuando ya se encontraban cerca del País de
Nunca Jamás, Peter les señaló: |
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– Es el barco del Capitán Garfio. Tengan mucho
cuidado con él. Hace tiempo un cocodrilo le devoró la mano y se
tragó hasta el reloj. ¡Qué nervioso se pone ahora Garfio cuando
oye un tic–tac! |
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Campanilla se sintió celosa de las atenciones
que su amigo tenía para con Wendy, así que, adelantándose, les
dijo a los Niños Perdidos que debían disparar una flecha a un gran
pájaro que se acercaba con Peter Pan. La pobre Wendy cayó al
suelo, pero, por fortuna, la flecha no había penetrado en su
cuerpo y enseguida se recuperó del golpe. |
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Wendy cuidaba de todos aquellos niños sin madre
y, también claro está, de sus hermanitos y del propio Peter Pan.
Procuraban no tropezarse con los terribles piratas, pero éstos,
que ya habían tenido noticias de su llegada al País de Nunca
Jamás, organizaron una emboscada y se llevaron prisioneros a
Wendy, a Michael y a John. |
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Para que Peter no pudiera rescatarlos, el
Capitán Garfio decidió envenenarle, contando para ello con la
ayuda de Campanilla, quien deseaba vengarse del cariño que Peter
sentía hacia Wendy. Garfio aprovechó el momento en que Peter se
había dormido para verter en su vaso unas gotas de un poderosísimo
veneno. |
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Cuando Peter Pan se despertó y se disponía a
beber el agua, Campanilla, arrepentida de lo que había hecho, se
lanzó contra el vaso, aunque no pudo evitar que la salpicaran unas
cuantas gotas del veneno, una cantidad suficiente para matar a un
ser tan diminuto como ella. Una sola cosa podía salvarla: que
todos los niños creyeran en las hadas y en el poder de la
fantasía. Y así es como, gracias a los niños, Campanilla se salvó. |
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Mientras tanto, nuestros amiguitos seguían en
poder de los piratas. Ya estaban a punto de ser lanzados por la
borda con los brazos atados a la espalda. Parecía que nada podía
salvarles, cuando de repente, oyeron una voz: |
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– ¡Eh, Capitán Garfio, eres un cobarde! ¡A ver
si te atreves conmigo! |
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Era Peter Pan que, alertado por Campanilla,
había llegado justo a tiempo de evitarles a sus amigos una muerte
segura. Comenzaron a luchar. De pronto, un tic–tac muy conocido
por Garfio hizo que éste se estremeciera de horror. El cocodrilo
estaba allí y, del susto, el Capitán Garfio dio un traspié y cayó
al mar. Es muy posible que todavía hoy, si viajan por el mar,
puedan ver al Capitán Garfio nadando desesperadamente, perseguido
por el infatigable cocodrilo. |
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El resto de los piratas no tardó en seguir el
camino de su capitán y todos acabaron dándose un saludable baño de
agua salada entre las risas de Peter Pan y de los demás niños.
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Ya era hora de volver al hogar. Peter intentó
convencer a sus amigos para que se quedaran con él en el País de
Nunca Jamás, pero los tres niños extrañaban a sus padres y
deseaban volver, así que Peter les llevó de nuevo a su casa.
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– ¡Quédate con nosotros! –pidieron los niños.
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– ¡Regresen conmigo a mi país! –les rogó Peter
Pan–. No se hagan mayores nunca. Aunque crezcan, no pierdan nunca
su fantasía ni su imaginación. De ese modo seguiremos siempre
juntos. |
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– ¡Prometido! –gritaron los tres niños mientras
agitaban sus manos diciendo adiós. |
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