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No separó tres trozos de pan. No separó tres trozos de queso. Se quedó
sentado pensativo jugando con su comida.
Después del almuerzo, Omar no salió disparando de la casa como siempre
lo hacía. Por el contrario, caminó lentamente hasta la roca grande y
allí se quedó sentado todo el día. Miraba el arroyo hacia sus nacientes,
luego lo miraba corriente abajo, después observaba las mariposas
revoloteando de flor en flor. Y así siguió el resto del dia.
Esa noche, después que Omar se había metido en la cama, su niñera le
preguntó: "Omar, ¿por qué te quedaste sentado en la roca hoy todo
el día y no jugaste?". Unas diminutas lágrimas aparecieron en sus
ojos. "Mis amigos se han ido", dijo. "Tenían que buscar
un nuevo hogar. Alguien comenzó a talar los árboles cerca de su casa y
pronto destruirán sus hogares".
Día tras día Omar sólo permanecía sentado sobre la roca grande.
Finalmente su niñera no pudo soportarlo más y se encaminó hacia la roca. "Tesoro",
dijo la niñera,
"ojalá haya algo que pudiéramos hacer. Si al menos tuviéramos
dinero o algo que pudiéramos vender, podríamos comprar el bosque. Pero
todo lo que tenemos es nuestra humilde granja y Ferdinando, la vaca
lechera".
Los ojos de Omar comenzaron a brillar. "Yo tengo algunas piedras
relucientes que mis amigos me regalaron.
¿Podríamos llevarlas al pueblo y tratar de venderlas?", preguntó Omar. "No
lo sé", dijo la niñera. "No creo que haya mucha gente
interesada en comprar piedras del arroyo".
"Pero éstas no son del arroyo. Estas son piedras especiales que me
regalaron mis amigos". Omar salió de un salto de la roca y corrió a
buscar su caja de zapatos. Instantes después estaba de regreso. Colocó
la caja de zapatos sobre la roca grande y levantó la tapa para que la
niñera pudiera mirar adentro.
"¡Pero, Omar! Esta es una caja de pepitas de oro. ¿Dónde demonios
las conseguiste?", preguntó incrédula la niñera. "Mis amigos
me las regalaron. Me dijeron que las reservara para una ocasión especial", exclamó Omar. "Realmente
creo que es ésta una ocasión especial", dijo la niñera.
Al día siguiente Omar y la niñera fueron al pueblo con la caja de
zapatos repleta de pepitas de oro. Hay dinero de sobra para comprar el
bosque por varios kilómetros a la redonda, así los árboles jamás serán
talados. Los amigos de Omar podrán regresar a sus hogares y nunca volver
a preocuparse. Hubo suficiente dinero para comprar otra vaca. Omar la
bautizó O’leary, el nombre de uno de sus amigos.
Al día siguiente Omar fue a almorzar y se trepó a la enorme silla.
Separó tres trozos de pan y tres trozos de queso y los colocó dentro de
su bolsita de cuero. Después de almorzar, Omar saltó de la silla y salió
corriendo de la casa, rumbo a la orilla del arroyo. Se trepó a la roca
grande, sacó su pañuelo y lo colocó prolijamente sobre la superficie de
la roca. De su bolsillo, extrajo la bolsita de cuero y colocó el pan y
el queso sobre el pañuelo.
Un trozo de pan, un trozo de queso, un trozo de pan, un trozo de queso,
un trozo de pan, un trozo de queso. Otra vez se sentía feliz sentándose
a esperar que sus amigos almorzaran.
Un cuento de James Waldroup -
Ilustración de Thelma Waldroup
Dedicado a todas aquellos personas que cuidan de nuestro bien más
preciado: los hijos.
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