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EL BOSQUE ENCANTADO

Por cortesía de James Waldroup - Traducción: Orly Borges

Un día Omar entró para almorzar pero no se dirigió a su lugar secreto en el armario. Simplemente se trepó a la enorme silla y se sentó ante la enorme mesa.

 
 
 

No separó tres trozos de pan. No separó tres trozos de queso. Se quedó sentado pensativo jugando con su comida.

Después del almuerzo, Omar no salió disparando de la casa como siempre lo hacía. Por el contrario, caminó lentamente hasta la roca grande y allí se quedó sentado todo el día. Miraba el arroyo hacia sus nacientes, luego lo miraba corriente abajo, después observaba las mariposas revoloteando de flor en flor. Y así siguió el resto del dia.

Esa noche, después que Omar se había metido en la cama, su niñera le preguntó: "Omar, ¿por qué te quedaste sentado en la roca hoy todo el día y no jugaste?". Unas diminutas lágrimas aparecieron en sus ojos. "Mis amigos se han ido", dijo. "Tenían que buscar un nuevo hogar. Alguien comenzó a talar los árboles cerca de su casa y pronto destruirán sus hogares".

Día tras día Omar sólo permanecía sentado sobre la roca grande. Finalmente su niñera no pudo soportarlo más y se encaminó hacia la roca. "Tesoro", dijo la niñera, "ojalá haya algo que pudiéramos hacer. Si al menos tuviéramos dinero o algo que pudiéramos vender, podríamos comprar el bosque. Pero todo lo que tenemos es nuestra humilde granja y Ferdinando, la vaca lechera".

Los ojos de Omar comenzaron a brillar. "Yo tengo algunas piedras relucientes que mis amigos me regalaron. ¿Podríamos llevarlas al pueblo y tratar de venderlas?", preguntó Omar. "No lo sé", dijo la niñera. "No creo que haya mucha gente interesada en comprar piedras del arroyo".

"Pero éstas no son del arroyo. Estas son piedras especiales que me regalaron mis amigos". Omar salió de un salto de la roca y corrió a buscar su caja de zapatos. Instantes después estaba de regreso. Colocó la caja de zapatos sobre la roca grande y levantó la tapa para que la niñera pudiera mirar adentro.

"¡Pero, Omar! Esta es una caja de pepitas de oro. ¿Dónde demonios las conseguiste?", preguntó incrédula la niñera. "Mis amigos me las regalaron. Me dijeron que las reservara para una ocasión especial", exclamó Omar. "Realmente creo que es ésta una ocasión especial", dijo la niñera.

Al día siguiente Omar y la niñera fueron al pueblo con la caja de zapatos repleta de pepitas de oro. Hay dinero de sobra para comprar el bosque por varios kilómetros a la redonda, así los árboles jamás serán talados. Los amigos de Omar podrán regresar a sus hogares y nunca volver a preocuparse. Hubo suficiente dinero para comprar otra vaca. Omar la bautizó O’leary, el nombre de uno de sus amigos.

Al día siguiente Omar fue a almorzar y se trepó a la enorme silla. Separó tres trozos de pan y tres trozos de queso y los colocó dentro de su bolsita de cuero. Después de almorzar, Omar saltó de la silla y salió corriendo de la casa, rumbo a la orilla del arroyo. Se trepó a la roca grande, sacó su pañuelo y lo colocó prolijamente sobre la superficie de la roca. De su bolsillo, extrajo la bolsita de cuero y colocó el pan y el queso sobre el pañuelo.

Un trozo de pan, un trozo de queso, un trozo de pan, un trozo de queso, un trozo de pan, un trozo de queso. Otra vez se sentía feliz sentándose a esperar que sus amigos almorzaran.

Un cuento de James Waldroup - Ilustración de Thelma Waldroup
Dedicado a todas aquellos personas que cuidan de nuestro bien más preciado: los hijos.
Esta historia llega a ti por cortesía de www.buggybuddy.com

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