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Como no tenía mucha
experiencia decidió que dos duendecitos lo acompañasen en el
viaje para repartir más rápido los regalos. Los renos no estaban
muy confiados que digamos, pero no les quedaba opción. Todos
estaban dispuestos a que la Navidad no sufriera cambios y que
todos los niños estuvieran contentos.
Mientras tanto, en el Polo Sur, el cohete aterrizaba con Papá
Noel un poco mareado y sin entender qué pasaba realmente.
– ¿Con qué, así es cómo eres no más?, preguntó Celosías.
– ¿Así cómo?, repreguntó Papá Noel.
– Gordo, viejo y aún así todo el mundo te ama. No hay niño que
no te quiera y grande también.
Por más que Papá Noel trató, fue imposible hacerle
entender al brujo flaco y celoso que el amor y el confiar en
alguien nada tienen que ver con su edad o sus kilos. Que el amor
nace y vive en el corazón de la gente y que la Navidad tiene que
ver con eso.
– Pues te informo, que este año no habrá Navidad, ni regalos
para nadie. Estoy cansando de tanta carta, tanto villancico,
tanta ilusión ¡Se terminó!
– No entiendo, preguntó muy triste Papá Noel ¿qué ganarías con
eso?
– Que ya no te quieran, como nadie me quiere a mi.
– Que ya no lo quieran, repitió un brujito.
– Como nadie lo quiere a él, repitió el otro.
– No lo vas a lograr, aunque yo no reparta los regalos este año,
la Navidad seguirá existiendo siempre y con ella la ilusión, el
amor y la esperanza.
– Ya veremos, ya veremos. Contestó Celosías.
– Ya verán, ya verán, repitieron los brujos a coro.
Papá Noel quedó pensativo, muy triste por un lado por la
actitud del brujo, pero confiado por el otro en que sus duendes
amigos, no dejarían a ningún niño sin su ilusión cumplida.
Llegó el día de Navidad, los trineos de rescate no habían
vuelto, Chispazo debía actuar. Como pudo se calzó un traje que
había de repuesto y aunque le quedaba por demás grande, lo lució
muy orgulloso. Subió al trineo junto con los dos duendecitos más
rápidos del lugar elegidos para ayudarlo en la tarea y
partieron. Hay que decir que los renos podían volar más rápido
porque el peso era mucho menor, con lo cual el viaje no tuvo
inconvenientes, todos y cada uno de los regalos fueron
repartidos y todos y cada unos de los sueños cumplidos.
Por otro lado, y justo el día de Navidad los trineos de
rescate divisaron a Papá Noel quien rezaba para todo saliera
bien a pesar de su ausencia.
No bien vio al trineo y a sus duendecitos moviendo las manos,
quiso gritar de alegría, pero al darse cuenta que Celosías
dormía la siesta, dejó el festejo para otro momento. Subió al
trineo y regresó al Polo Norte.
Cuando aterrizaron en casa, la noche de Navidad ya había
pasado, apenas piso la nieve blanca de sus tierras, Papá Noel
vio cómo su trineo descendía con un Chispazo muy cansado y dos
duendes agotados.
La felicidad fue casi tan grande como los gritos de Celosías
cuando se dio cuenta que Papá Noel se había ido.
– Todo está en orden, ningún niño se quedó sin regalo. Dijo
Chispazo muy orgulloso.
Papá Noel lo abrazó tan pero tan fuerte que casi lo deja
finito como un papelito.
– Yo sabía, yo confiaba en que mi gente jamás defraudaría a los
niños, no tengo palabras para agradecerles lo que han hecho.
Dijo muy emocionado. No sólo han hecho un trabajo perfecto, sino
que se preocuparon por rescatarme y traerme a casa de nuevo.
De eso se trata el amor, de hacer cosas por el otro, sea
rescatarlo de algún lado, entregar un regalo, mantener una
ilusión, hacer posible un sueño o lo que sea. Cuando hay amor,
todo es posible, desde cruzar de un polo a otro, hasta manejar
un trineo por primera vez, con ropa que nos cuelga y renos por
demás asustados.
Por mucho tiempo, en el otro extremo del planeta se siguieron
escuchando los gritos de alguien que no entendía nada de amor,
ni de Navidades y de hacer algo por el otro.
– ¡No pude con él, no pude lograr que dejen de quererlo! Gritaba
furioso el brujito flaco y envidioso.
Por primera vez, los dos brujitos repetidores cambiaban un
poco su discurso:
– No pudo con él y jamás podrá. Dijo uno
– Mientras haya amor, esperanza, ilusión en este mundo nadie
dejará de amarlo y de creer en Papá Noel, dijo el otro.. |