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TOMTE, el gnomo que ayudó a Papa Noel

Leyenda Escandinava

Tomte vivía escondido en el bosque helado y frondoso de Suecia, ubicada en  la región que llaman países escandinavos.

 
 
 

Le gustaba la paz que el viento y los árboles le aportaban. Y su época del año favorita era la Navidad. Momento que aprovechaba para hacer escapadas a los pueblos, sin apenas ser visto, para contemplar la felicidad que inundaba los hogares.

Era hacendoso, pero no le gustaban los halagos ni que le observaran. Por ello, solía ayudar a sus vecinos sin que éstos supieran de su trabajo. Unas veces devolvía las ovejas descarriadas a su granja y otras contaba con la ayuda de la luz de las luciérnagas para iluminar el camino de los aldeanos perdidos. Su recompensa era siempre ver felices a los demás.

Fue una de las noches más gélidas que se recuerdan cuando nuestro pequeño amigo, en uno de sus paseos nocturnos vio a un reno en apuros: su lastimada pata se encontraba apresada y enredada entre ramas. No parecía haber escapatoria. Tomte, aunque percibió que ese reno era muy extraño, pues tenía la nariz roja como si llevara una bombilla iluminada, no dudó y rápido acudió en su ayuda. Y así fue como la casualidad hizo que se encontrara cara a cara con el mismísimo Papá Noel.

El frío había provocado un aterrizaje forzoso y pese a la maña de Papá Noel en la conducción del trineo, éste se había estampado y Rudolph había acabado con su pata enmarañada entre ramas. Tomte no se lo pensó dos veces, rápido se puso manos a la obra. Había que liberar a Rudolph. Una vez liberada la pata del reno, Tomte notó el cansancio de Papá Noel, por lo que le invitó a su modesta casa para tomar un chocolate caliente, poder descansar y disfrutar de la compañía mutua compartiendo anécdotas.

Mientras charlaban, Papá Noel decidió que Tomte sería el ayudante ideal que necesitaba para su importante trabajo. Esa misma noche comenzó el aprendizaje. Tomte disfrutó como nunca lo había hecho antes. Aprendió a descender por la chimenea, a sortear obstáculos hasta llegar al árbol navideño, a andar de puntillas para no despertar a los habitantes de las casas y a saber qué regalo fue solicitado para cada niño. Y para acabar la jornada, Papá Noel le dejó ser a él el que depositara los últimos regalos en los últimos hogares. ¿Se podía ser más feliz?

Papá Noel observó toda la noche y no tuvo dudas de que Tomte era efectivamente el ayudante que andaba buscando. La alianza entre ambos seres mágicos ya estaba sellada. Desde entonces ambos trabajan juntos para que ningún niño se quede sin regalos. ¡Menudo duo!. Tomte era feliz ver que los niños cumplirían sus sueños o estarían conformes si recibían algo parecido. Tomte estaba asombrado porque hubo niños que pedían  libros de cuentos para leer en el ordenador, para leer en papel; muñecas de tela,  de cerámica o pvc; pistas de carreras de autos, trenes eléctricos o a pila; vacaciones en la playa o en la montaña, andar a caballo,  aprender a plantar un árbol, un microscopio para ver las hormigas o su propio cabello o un telescopio para ver la luna.

 

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